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Vivir · Aprender · Trabajar · 2024–presente

Tres Estados

Una práctica de arquitectura e interiorismo cuyo I+D es un sistema de diseño para el espacio, con las reglas publicadas.

Mi papel
Formular la tesis, escribir el corpus de reglas y sostener la práctica que lo pone a prueba en obra.
Estado
Proyecto
Cinco cubos de materiales distintos alineados sobre fondo crema.
Piezas conocidas, en fila. El sistema empieza por saber qué hay.
Portada del manifiesto de Tres Estados: «Los 3 estados del Design System», con las tres fichas —clásico, agéntico y plástico— debajo del texto.
El manifiesto, en septiembre de 2026. Es la capa editorial del proyecto: la tesis se publicó antes que el inventario, a propósito. Abrirlo.

Qué existe

Tres Estados es una práctica de arquitectura e interiorismo con su propio I+D. Proyecta residencias y espacios de hospitality, y a la vez publica en abierto el sistema con el que decide: un conjunto de reglas espaciales, el método que las produce y las decisiones que salen de ahí.

La tesis que lo sostiene es la misma que defiendo para el producto digital, comprobada en otra materia: el rigor documental es la forma más alta de innovación. Un sistema que no tiene escrito lo que ya hace no puede volverse agéntico sin inventárselo. Da igual que lo que decida sea una pantalla o una habitación.

Qué hice

Formular la tesis, escribir el corpus y sostener la práctica que lo pone a prueba.

El método ocupa el hueco que casi nadie ocupa: antes están las herramientas de viabilidad, después el CAD y el BIM, y en medio queda la parte que decide el resultado.

  1. Brief. Qué debe conseguir este lugar. No dónde va el sofá.
  2. Reglas. Lo posible: qué está permitido, qué no y en qué condiciones.
  3. Decisiones. Lo elegido, con su motivo y su firma.
  4. Expresión. Lo construido.

Hay seis reglas publicadas. Cinco son espaciales —el recorrido de llegada, el mantenimiento declarado antes de especificar, la sustitución de material aprobada, la excepción registrada y el coste de deshacer— y una viene del lado digital, la de una sola acción principal por contexto. Que convivan en el mismo corpus no es una casualidad editorial: es el argumento.

La de mayor alcance es el coste de deshacer, porque determina cuánta prueba necesita cualquier otra decisión antes de construirse.

Qué se aprendió

Que el método aguanta el salto a la materia, y que lo que cambia no es la forma de decidir sino lo que cuesta equivocarse. Una pantalla se recompone en milisegundos; un tabique no. Lo escribí aquí.

Y que un corpus espacial honesto no se abre con un proyecto diseñado con el método. Se abre con uno anterior al método, leído hacia atrás para averiguar qué criterio había dentro. Por eso el Caso 00 es Lo Peix: el apartamento que decoré y reformé antes de tener proceso, del que salió el proceso.

Qué sigue en desarrollo

El Compendio —el inventario que el manifiesto aplazó a propósito— está a medias. El corpus son seis reglas, no sesenta. Y de los casos, uno es un proyecto construido leído hacia atrás y otro es un artboard conceptual que enseña cómo piensa el sistema, no un proyecto ejecutivo.

También hay una página de límites, y existe por una razón concreta: una regla de proyecto no es un requisito normativo, el apoyo a la decisión no es la firma profesional, y ningún programa certifica lo que la ley encarga a un técnico competente. Publicar reglas junto a requisitos legales sin distinguirlos crea un riesgo real para quien las lee.

Qué cambió esto para mí

Entré pensando que había que publicar el método cuando estuviera terminado.

Salí creyendo que publicar la voz incompleta, diciendo que está incompleta, sirve más que esperar a tenerlo cerrado.

Sigo intentando entender esto